El tour del amor

LA SITUACIÓN ERA MALA, qué digo mala, catastrófica, y se había extendido al mundo entero. La gente moría. La gente sufría. ¡Y yo me aburría! Mi pueblito, lindante con cascadas y florestas, estaba tan escondido entre los cerros que ni siquiera llegaba la muerte. O, si llegaba, llegaba sólo a cuentagotas: un muerto al mes, un muerto cada dos meses, un muerto cada tres; la nada misma en materia de muerte. Con lo que el invierno, sufrido por aquí y sufrido por allá, para nosotros fue más bien como cualquier otro. Lo pasamos (al igual que todos los años) encerrados y cubiertos de nieve. Menos treinta y siete grados llegó a hacer un día en el que se nos congelaron hasta las ventanas y las puertas y nadie pudo salir de su casa.
