TODAS LAS CIUDADES VIVIERON EN MIS OJOS
by Jorge Manzanilla Pérez · July 21, 2026
Jorge Manzanilla Pérez es estudiante del doctorado en Estudios Culturales por la Universidad de Arizona, Maestro en Escritura Creativa por la Universidad de El Paso Texas y Licenciado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Guerrero, ha publicado los siguientes libros de poesÃa: Escarnio, Diáfano 23 y Vitral de todos mis cuerpos. Fue acreedor a la mención honorÃfica en el Premio Internacional de PoesÃa Ciudad de Mérida 2015. En El Paso, Texas obtuvo el galardón Creative Awards 2017. Obra suya se ha publicado en el New York Times y se ha traducido al portugués. Actualmente se enfoca en estudios del comic polÃtico en México.
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TODAS LAS CIUDADES VIVIERON EN MIS OJOS
Jorge Manzanilla Pérez
I
MI MADRE CRECIÓ entre las huellas de un pantano. De la pólvora.
Su memoria aun recorre los rostros de caudillos que disparan a quemarropa
Su memoria aún recorre los caudillos que disparan la nostalgia
y se atreven a mirar nuestro presente.
Hablan con la boca llena de odio
y nunca tragan los nombres de la guerra.
Asà mi abuela toma el aserrÃn de las enaguas
prepara las tortillas que bordan silencio.
El fuego destila su luz y regresa a mi madre
como los muertos regresan a donde se supieron vivos.
Porque toda ciudad dibuja cada uno de sus sueños
porque toda ciudad habla de sus muertos
antes que de sus vivos.
Por eso mi padre nos bautiza desde la ceniza de noviembre
hasta el rosal de una primavera ausente.
Si se habla de guerra, hay que abrir las entrañas de la calle.
Olvidar el desnudo de la infancia.
porque esta es la memoria de nuestro polvo.
II
No conocà las ciudades que pasaron por mi casa.
Dibujé mi infancia con la garganta abierta,
sin las entrañas del eco.
No sólo se habló de nuestros primos caÃdos
Allá afuera está la guerra, tu padre no aparece.
Gritó el abandono y calló mi madre.
Mi encierro penetra los cinco años.
Afuera las balas abren su cauce
y asà iniciamos el catecismo.
III
Los milagros nacen vacÃos
y todos callan.
El otoño crece y deshoja los pájaros.
En este cuerpo hay parques, escuelas
y otra ciudad entre los labios.
Nadie se atreve a pronunciar
porque hace falta un rayo
que venga y no se vaya
porque sólo asà nos iluminamos.
Tenemos un sol que sale de los dientes
Asà nos tragamos las palabras y las mañanas.
IV
Dios entra a la tumba de mi padre y divide el camposanto
en la fracción del pan.
El aire cercena la lumbre mientras mis primos tejen su espanto.
Mi madre abraza el verbo que no se ha hecho carne
y mi abuela nos cubre la herida de nostalgia.
La hiel abre sus piernas y bebo del sexo muerto.
Me duele la espalda de tanta ciudad que cargo
Yo no tengo las palabras que puedan vestirme.
Yo no tengo un rÃo de hojas.
[Acá nada fluye]
Esto no sé si es un sueño o el tizne de un delirio.
No sé quién está cortando el vuelo a los pájaros.
[Acá nada fluye]
Quiero dejar a mis muertos y se me caen los espejos de los ojos.
Entonces ¿para qué nos subimos al altar que no nos corresponde?
No sé cuántas guerras habitan la ciudad.
Yo no me conformo con beberme los pueblos y darlos de ofrenda.
Ojalá que todo no fuera tan frágil.

