TODAS LAS MOSCAS LA BESARON
by Viviana Gonzales · July 21, 2026
Viviana Gonzales es una poeta y dramaturga boliviano-mexicana. En 2019 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en Poesía en Santa Cruz, Bolivia, por su libro Hay un árbol de piedra en mi memoria, libro que recibió en 2023 la Medalla de Oro en los International Latino Book Awards en Los Ángeles. En 2020 publicó su segundo libro, Canto de un Pájaro de Fuego (Buenos Aires Poetry, Argentina). En 2023 apareció Te doy el tiempo de un zapato (Dogma Editorial, México). Su más reciente poemario se titula Taxúma en el Monte de los Olivos (Pampanegra Ediciones, 2025).
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TODAS LAS MOSCAS LA BESARON
Viviana Gonzales
TODAS LAS MOSCAS LA BESARON, las lenguas de las moscas dibujaron teamos moribundos en las heces calcinadas de sus calles. Esta ciudad que parece inerte se despierta al alba con la luz en los ojos. La luz a media tarde. La luz en la noche. Su luz me persigue y no puedo sentarme a decir ¡heme aquí yo con el dolor que siempre me sobra! No puedo porque su luz me doblega y entra y toma mi escritorio, el pasillo, el gato y a mi vecino con el teléfono en la mano, nineoneone.
Yo extraño la vida, la aglomeración. La masa. Esos jovencitos empujando sus cuerpos a las dos de la tarde. La lírica del oficinista. Esa no libertad. Esa no soledad cuando camino las calles de madrid, méxico, la paz o nueva york. Un hombre me arrastra. Una mujer en el pasillo del supermercado me dice, ¡pinche asalariada! Y yo voy de golpe en golpe con la lluvia chorreando por mis nalgas. La clásica muchedumbre de la ignorancia. La naquez del vecino. La inmundicia del poderoso. La corrupción enterita. La ciudad mía tomada por mis diez dedos, embarrada como lodo en mi cuerpo, en mi sexo. La ciudad que sacude su presencia visible. A la que le digo no quiero verte. Toma tu odio, tu enfermedad, tus rabias, tus malditos virus encaramados en las narices y las bocas de tu gente que cada vez que hablan me escupen porque no tenemos espacio. Esa ciudad de latidos ardientes que me desconcentra de lo importante. Ese paisaje que es la inanición de sus perros.
Aquí, sin embargo, desprecio y bendigo a partes iguales la pulcritud, la perfección de sus calles. La sonrisa siempre amable del sureño. Las cabecitas como alfileres rumbo a la iglesia los domingos a repetir los mismos cantos marchitos. Debajo de la piedra hay un nuevo camino de insectos. Los niños esperan a una araña tejedora. La familia. El diospadrehijoyespíritusanto. La plegaria por los otros: aquellos infelices, escarabajos clandestinos.
¿Qué hago si extraño a los leprosos, la mierda, el hambre y las protestas? Los miedos se esconden en mugrientas periferias donde puedes morir a diez pesos el kilo de carne humana. A diez el litro de sangre. La carnicería. El olor de las vacas en los mercados; esa sensación de repugnancia y placer. La perversión de sus gentes. Sus pezuñas llenas de finos hilos negros y nuevamente la sensación de querer vomitar.
Aquí, la hipocresía de los bienaventurados, los lubricantes en los coños de las mujeres lindas. Blancas. Rosas. Los labios inflamados. La sonrisa retocada de la foto de la clínica del dentista: la administrativa perfecta y la asistente del doctor de ensueño. La luz impecable, esa misma luz de las postales navideñas con la familia completa y su clásico fondo azul. Peace and joy. Las mentiras y las perversiones de los puritanos. La ardilla. El racoon. La zarigüeya. El armadillo. No todo horizonte es el futuro y, sin embargo, los porsches, los aston martin, los ferrari. Volteo y ahí están. Ellos no me miran, no tienen por qué hacerlo. Y yo sé que las mismas moscas que me siguen los besan. Se sientan en sus caras. Imagino una escena donde la mierda fornica con el bello, el guapo, el perfecto. Luego borro esa escena de mi mente. Porque no quiero. Prefiero deleitarme con sus parajes. Su silencio mezquino. Sus mansiones. Su sonrisa de dos milímetros. Su belleza deforme. Su blanquitud. Su aburrimiento. Este desasosiego que siento. La asfixia constante del cemento.
Después los maldigo. Maldigo sus porsches, sus casas, su perfección, la producción de su belleza. Les sonrío y suplico: ¡no permitas, señor, la sodomía, las víctimas, las traiciones, bendíceles únicamente a ellos! Veo sus calles y digo: ¡aquí estoy, limpia, sonriente, con las axilas depiladas, dueña de mí misma. American dream, ¡yo sí te creo!
Pero luego aparece un hombre desnudo, se tambalea en la acera. Avanza sin tocar el sueño. Si se cae nadie vendrá por él. No garbage collection. El hombre me llama. Lo miro por el retrovisor y lo ignoro. Ven, me dice. Y me habla del tiempo y el odio. Es un odio mudo, pero no por eso inexistente, se camufla en las casas, se disuelve en el café, en las margaritas, en los cereales. Ven al mundo del odio. Me invita, pero yo no quiero entrar. Anuncia la falta de fe en estos tiempos. Yo no le creo. No confío en alguien que se tambalea entre dos aguas. ¡Cáete!, le digo. No veo. No quiero ver el dolor de su cuerpo. No veo el doblez de la hoja donde anoté: aquí también el hambre y el destierro. Aquí también la miseria y el dolor. ¡No!, mi linda niña, América mía, hay que callar a este loco. Voy a arrojarle piedras que son pájaros. Yo ansío la libertad —tú, enfermo miserable, no me la vas a quitar—. Vine por la niña rubia de vestidito azul y zapatitos finos y la encontré; mi América de los sueños, my sweet, innocent and righteous little girl.
La insuficiencia renal de los enfermos de diabetes. El color púrpura de sus muertos solitarios bebiendo whisky a las nueve de la noche. Los zombis sentados en las cafeterías. La transformación de las anatomías de los cuerpos. Las grasas putrefactas y asquerosas resbalando en las sillas de discapacitados de los supermercados. La lengua. Las arterias. Los vicios. Quise jugar a tu juego y salí preñada con un bastardo. Mezclé mi saliva con los jugos de tu sexo para decirte ¡oh omnipotente, poderoso! ¡Oh macho cabrío cógeme por la espalda, descarga tu ira en cada empuje! ¡Dame más, más, maldito cerdo rosa! Lubrica mi vagina prieta. Escurre tus hilos blancos, tu gloria because yours is the power and the glory. Quise quemar tu iglesia pero luego formé parte de tu culto. ¡Freeedom, freedom, freedom is this, don’t tell me anything else!
Me rendí ante la evidencia de la quietud de las calles de houston. La mansa servidumbre de mi gente ante los suyos. El orgasmo y los cantos de alabanza que no paran. Las traiciones de los míos. Los ví cogiendo unos a otros y salí asqueada. Veo a sus feos hijos bastardos. Yo soy una bastarda. Mi madre también se dejó coger por ellos. Y yo. Y mi marido, en cualquier acto de jotería. Nos cogieron por la espalda, de frente, como perros. Nos bebimos su semen con cada felación. Nos pintaron de azul, rojo y estrellitas. Y nos quedamos sonrientes con una sonrisa de imbéciles en la boca, alucinando sueños. Sueños húmedos de pan y vino.

